05/07/2010
POR LA VIDA Y LA BELLEZA III
De sentimientos, consentimientos y disentimientos sin resentimientos.
Por Pablo René Estévez
Agradezco los comentarios dirigidos a mis reflexiones: los leí con mucha atención, y aquí respondo:
Primero: sugiero que, en el futuro, los comentaristas no se dirijan al “profesor”. El blog debe ser expresión del Grupo Eco-estética: un grupo de personas interesadas y capaces, con estilos de pensamiento y referencias teóricas y vivenciales diferentes. Debemos dialogar con los internautas (del planeta, si fuera posible) y que cada uno “saque sus propias conclusiones”, como dice un popular presentador de la televisión cubana. Es claro que, como internauta, yo mismo sacaré mis conclusiones.
Segundo: creo que la identidad de Eco-estética viene dada por su carácter educativo dirigido esa especie animal que denominamos “humana”; lo cual determina los fines y los medios para alcanzarlos. No está dirigido, en propiedad, al resto de las especies: lo que no constituye un motivo para tildarlo de “antropocentrista”. Aplaudiría cualquier proyecto dirigido a la educación estética del resto de las especies, pero no sería ya esté proyecto.
Tercero: la cuestión de si las especies no humanas desarrollan las mismas capacidades estético-perceptivas que la especie humana (pues en cuanto a sentimientos de dolor, amor, afectividad, etc., no tengo dudas), no es un problema que el blog se plantea resolver; ni creo yo que pueda resolverse con una frase (aunque la haya escrito Darwin). Personalmente, no me animo a entrar en un debate que, en mi modesta opinión, dejará más cáscaras que nueces. En realidad, cuando hablo de sentimiento estético en mis trabajos, estoy pensando en una actividad orientadora valorativa (del ser humano con respecto a la naturaleza no humana), por medio de la cual se da “valor” a determinadas cualidades del mundo objetual que resultan altamente significativas. Es decir, se trata de un proceso en el que el individuo se objetiva en la naturaleza (en la misma medida en que se apropia de ella (subjetivándola). Por lo tanto, hablamos de un concepto esencialmente humano, que no tenemos por qué extender al resto de las especies, si nos atenemos a sus especificidades: por menos, con una intención científica.
Cuarto: pienso que es muy loable todo proyecto que se proponga desarrollar los sentimientos estéticos en el ser humano (hoy, en peligro real de “anestesiamiento”) cuando, precisamente, se señala al ser humano como el principal responsable por la desaparición de miles de especies de la flora y la fauna. Ante esto, se torna intrascendente el debate en torno a si todos los animales desarrollan o pudieran desarrollar una “conciencia estética”. Si fuera así, bienvenido sea. Me encantaría oír los criterios estéticos de mi perra, pero confieso que hasta el día de hoy no lo he conseguido… Tal vez Darwin lo logró.
Por Pablo René Estévez
Agradezco los comentarios dirigidos a mis reflexiones: los leí con mucha atención, y aquí respondo:
Primero: sugiero que, en el futuro, los comentaristas no se dirijan al “profesor”. El blog debe ser expresión del Grupo Eco-estética: un grupo de personas interesadas y capaces, con estilos de pensamiento y referencias teóricas y vivenciales diferentes. Debemos dialogar con los internautas (del planeta, si fuera posible) y que cada uno “saque sus propias conclusiones”, como dice un popular presentador de la televisión cubana. Es claro que, como internauta, yo mismo sacaré mis conclusiones.
Segundo: creo que la identidad de Eco-estética viene dada por su carácter educativo dirigido esa especie animal que denominamos “humana”; lo cual determina los fines y los medios para alcanzarlos. No está dirigido, en propiedad, al resto de las especies: lo que no constituye un motivo para tildarlo de “antropocentrista”. Aplaudiría cualquier proyecto dirigido a la educación estética del resto de las especies, pero no sería ya esté proyecto.
Tercero: la cuestión de si las especies no humanas desarrollan las mismas capacidades estético-perceptivas que la especie humana (pues en cuanto a sentimientos de dolor, amor, afectividad, etc., no tengo dudas), no es un problema que el blog se plantea resolver; ni creo yo que pueda resolverse con una frase (aunque la haya escrito Darwin). Personalmente, no me animo a entrar en un debate que, en mi modesta opinión, dejará más cáscaras que nueces. En realidad, cuando hablo de sentimiento estético en mis trabajos, estoy pensando en una actividad orientadora valorativa (del ser humano con respecto a la naturaleza no humana), por medio de la cual se da “valor” a determinadas cualidades del mundo objetual que resultan altamente significativas. Es decir, se trata de un proceso en el que el individuo se objetiva en la naturaleza (en la misma medida en que se apropia de ella (subjetivándola). Por lo tanto, hablamos de un concepto esencialmente humano, que no tenemos por qué extender al resto de las especies, si nos atenemos a sus especificidades: por menos, con una intención científica.
Cuarto: pienso que es muy loable todo proyecto que se proponga desarrollar los sentimientos estéticos en el ser humano (hoy, en peligro real de “anestesiamiento”) cuando, precisamente, se señala al ser humano como el principal responsable por la desaparición de miles de especies de la flora y la fauna. Ante esto, se torna intrascendente el debate en torno a si todos los animales desarrollan o pudieran desarrollar una “conciencia estética”. Si fuera así, bienvenido sea. Me encantaría oír los criterios estéticos de mi perra, pero confieso que hasta el día de hoy no lo he conseguido… Tal vez Darwin lo logró.
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Caríssimo Mestre:
ResponderExcluirParece ter havido um equívoco na interpretação do que foi editado. Primeiro, porque os escritos não se mostram voltados à crítica de outras reflexões, mas manifestam idéias independentes, ditadas pela curiosidade científica, com o objetivo de pesquisa acerca do teor estético das relações travadas entre os demais seres sensíveis com os membros do mesmo grupo e o meio ambiente que os cerca.
Em segundo lugar, esse molde de questionamento parece pertinente à Educação Estético-Ambiental, posto estar voltado a observar a qualidade de relações dignas de investigação e registro, entre outras justificativas, por se tratar do estudo de comportamentos potencialmente exemplares, no momento em que se verificam como resultantes da ação humana insensível (e, por isso mesmo, esvaziada de beleza) drásticas perdas de biodiversidade e qualidade de vida no planeta.
Os (belíssimos) sentimentos de solidariedade ao semelhante e de reverência pela vida, manifestados pelo macaco mencionado por Barnard, s.m.j, evidenciam-se como os dois pilares imprescindíveis à sustentabilidade estética das relações em sociedade.